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Ulises va caminando hacia su hogar.
Está cansado, realmente agotado. Fue uno de esos días difíciles. La lluvia constante parece oscurecerlo todo.
A su alrededor todos van apurados y enojados. Nadie se saluda, todos se chocan, se insultan o simplemente son indiferentes entre sí.
Al llegar a su hogar, se encuentra con Izel, quien inmediatamente le propone salir a jugar.
-Hoy el mar trajo unas olas inmensas, vamos a aprovecharlas- le dice Izel, pero Ulises no está con ánimo como para salir a jugar. Se siente afiebrado, como si le doliese todo su cuerpo.
Izel se va a jugar con sus amigos y Ulises se queda solo.
Toma algo caliente para contrarrestar un poco el frío, se recuesta sobre su cama y se queda dormido.
Ni bien se duerme, Ulises comienza a soñar. En su sueño está con todos sus amigos jugando en el mar. Se esconden en la gran espuma que provocan las olas al romper, juegan carreras montados en las hojas que cayeron de un gran árbol, se dejan llevar por las olas. Todos juegan y ríen a carcajadas.
En la parte más linda del sueño, sus amigos se suben unos sobre otros, armando una pila enorme, y lo invitan a Ulises a subir hasta arriba de todo.
El lo hace sin dudar. Sube uno por uno sobre las espaldas de sus amigos hasta llegar a la cima. Cuando llega hasta arriba de todo, ve venir una inmensa ola, tan inmensa que alcanza la altura de la pila que ellos acaban de formar.
Todos cierran los ojos y se preparan para la estupenda sensación que produce una ola cuando te revuelca.

La ola avanza más y más hacia ellos, y justo cuando están a punto de lograrlo, Ulises se despierta exaltado.
Al despertarse, Ulises sale de su casa algo confundido, camina unos pasos hasta el estanque de agua para lavarse la cara.
Cuando se inclina hacia el estanque, ve su reflejo en el agua y se detiene a observarlo. Hay una enorme sonrisa en su rostro.
Se da cuenta de que ya no siente ese malestar con el que se había acostado, ya no está afiebrado ni siente dolor en el cuerpo. Se queda un rato largo mirando su reflejo. Le cuesta comprender cómo fue que en tan poco tiempo pudo pasar de sentir tanto malestar a sentirse tan bien.
Se sienta junto a un árbol y se queda pensando en lo sucedido. De repente, una extraña sensación recorre todo su cuerpo, todo su ser.

No entiende bien porqué, pero se siente feliz, lleno de alegría.
“Fue mi mente”, dice Ulises en voz alta, como si alguien lo estuviera escuchando.
Se da cuenta de que fue su mente la que hizo que su malestar desapareciera. Los hermosos pensamientos que tuvo durante su sueño, hicieron que su cuerpo reaccione de otra manera, que ya no sienta dolor, sino que se sienta en armonía absoluta.
De repente, sin dejar de llover, sale el sol, cambiando el color de todas las cosas, llenándolas de luz. Dibujando un hermoso arco iris en el cielo.
Ulises cierra sus ojos y se relaja por completo. Siente que puede seguir viendo todo lo que sucede a su alrededor, a pesar de tener los ojos cerrados.
Lo más maravilloso de todo, es que puede verse a él mismo. Ve como una parte de él ya no está más sentada junto al árbol, sino que está jugando en el cielo, subiendo a través de las gotas de lluvia y deslizándose por el arco iris como si este fuera un tobogán.
Ahora sí tiene ganas de ir a jugar con sus amigos. Sus pensamientos tienen efecto también ahora que está despierto. Se siente aún más feliz, cada vez más feliz. Se está llenando de felicidad.
Abre los ojos, se levanta y se dirige hacia el mar, en donde sabe que Izel y los demás están haciendo de la suyas.
Mientras se aleja, se da vuelta para mirar el árbol junto al que estuvo sentado. No sólo ve el árbol, sino que otra vez se ve a sí mismo, sentado junto al él. Puede notar la placides en su rostro, un aura de luz rodea su cuerpo.
Esta vez no tiene los ojos cerrados pero sigue viéndose.
Los pensamientos surgieron efecto tanto cuando estaba dormido como cuando estaba despierto. Es una sensación misteriosa, que hace que Ulises tenga ganas de seguir experimentado.

En el camino hacia el mar, Ulises nota que a su alrededor ya no están todos tan apurados ni tan enojados como antes. Se pregunta si esto tendrá alguna relación con lo que le sucedió en el estanque. Hay algo que le dice que sí, que todo lo que sucede en el universo está relacionado con sus pensamientos, con sus sensaciones, con sus sentimientos y con su voluntad.
Piensa en lo maravilloso que sería repetir la experiencia pero esta vez con todos sus amigos. Juntarse todos bajo un árbol y simplemente disfrutar de las infinitas posibilidades que nos brinda la vida. Provocando una ola de energía positiva que invada cada molécula del universo que nos rodea.

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Todos podríamos hacer la prueba de Ulises. No hay nada que perder y mucho para ganar. Todo lo que demos, todo lo que hagamos con amor, volverá en algún momento.
Nosotros somos quienes decidimos qué tan hermoso puede ser nuestro día.
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